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miércoles, 18 de enero de 2012

Alcasa tranca sus portones

El atraso del pago de la nómina que cuesta 24.000.000 bolívares obligó a los trabajadores a tomar las oficinas de la presidencia buscando fechas concretas para su cancelación. La vicepresidenta de la CVG Haydée Valenzuela calmó los ánimos. Salir a las calles fue la última consigna de los trabajadores.
El cuadro del presidente Chávez que colgaba en la presidencia de Alcasa fue descolgado en silencio. Unas manos apresuradas quitaban el retrato en un ambiente asfixiante que se colaba entre los trabajadores que apenas entraban en la sala. “Aquí el socialismo no ha servido”, exclamaron.
Las voces se alzaban de todos lados sin identidad, pero tenían un denominador común, pedían de inmediato respuestas directas del presidente Elio Sayago quien se mantuvo con su habitual paciencia ante el acoso de la mañana de ayer.
A su derecha estaban los dirigentes sindicales Diego Castro y Henry Arias, quienes presionaban a su vez. “No hemos cobrado la quincena Sayago, ¿cuándo nos van a pagar?”.
Sayago trataba de descomponer el enojo con proyectos que no han visto luz en la empresa, mientras prometía una reunión el día de ayer a las seis de la tarde con empresarios nacionales para seguir endeudando un futuro incierto.
No lo logró. Sus intervenciones hacían el efecto contrario de darle tranquilidad al pago de una quincena que cada vez se va atrasando más. “El problema es usted, el cansancio del trabajador es usted”, gritaba a la izquierda del presidente, el director laboral Cruz Centeno.

Una respuesta esperada: No hay dinero

Centeno se robó la atención de la sala. Sacando risas en una situación de tragicomedia que parece haberse convertido Alcasa, llevándose con ellas a Carbonorca, Venalum y Bauxilum.
“Te vamos a hacer una denuncia por daño psicológico… tú nos vas a volver locos Sayago”, volvía Centeno, arrancando las risas en un ambiente tenso, pero que inmediatamente retomó para pedir fechas.
El semblante del presidente Sayago dejó por momentos de estar calmado y un cansancio se asomó en su rostro. Su mirada se perdía a los lejos. Tomó una hoja de papel que le había hecho llegar la Corporación Venezolana de Guayana en donde, en pocas palabras, lo tildaban de irresponsable.
“Yo he compartido la autoridad, pero al final no comparto la responsabilidad”.
La CVG pedía explicaciones al presidente de la entrada y salida de los alcasianos, los robos que se cometen dentro de la empresa y turnos de trabajos innecesarios que abultan la nómina.
Si el objetivo de Sayago fue traer de su lado un gramo de complacencia, pegó estrepitosamente contra una resistencia a la insistente pregunta “¿cuándo nos vas a pagar Sayago?... Dinos de una vez la verdad, dinos que no hay plata”.
En un gesto más de presión que de valentía, Luís Moyano, gerente de finanzas, tomó la palabra y en un arranque de sinceridad, soltó lo que se sabía, pero se necesitaba escuchar: “No hay plata para pagar la quincena”.
Una lluvia de aplausos le cayó. Pero duró poco. Palabras altisonantes se unieron a unas caras más largas. La verdad cayó como un mazo sobre alguna mínima esperanza que quedaba.
Las cifras eran desalentadoras. Alcasa tenía en dos bancos sólo 4.000.000 bolívares. Nada más. Moyano aseguraba ayer que se necesitaban exactamente 24.000.000 bolívares para pagar la nómina, sin incluir el pago de los trabajadores de Carbonorca que asciende a 9.000.000.
Y Moyano empezó a restar. Si les dan los 24 millones exactos tendrían que descontar 8.690.000 para cancelar a 236 trabajadores las vacaciones.
Con números en mano, Presidencia y Gerencia de Finanzas habían visitado la sede de la CVG para mostrar la situación precaria de la empresa. La respuesta que recibieron fue un simple “la situación está dura”.
Molinete causante de polémica
Unas horas después, más organizados pero con el mismo ánimo, los trabajadores escuchaban en el salón de usos múltiples al secretario general de Sintralcasa Henry Arias.
Sentados en una mesa, la vicepresidenta de la CVG Haydée Valenzuela y el presidente Sayago escuchaban a un Arias que pedía no sólo el pronto pago de sus reivindicaciones contractuales, sino que tocaba sin cesar el tema del molinete.
Henry Arias ha tomado como bandera política la negativa rotunda de un molinete que controlaría la entrada y salida de los trabajadores en planta.
Denuncias de trabajadores que marcan y se van, o que no llegan a sus áreas de trabajo fue uno de los jalones de oreja que recibió el presidente Elio Sayago desde instancias superiores.
Arias ha hecho declaraciones públicas afirmando que él mismo se encargaría de desarmarlo. “Que nos paguen nuestra cesta ticket, que nos den nuestro salario a tiempo, así lo aceptamos”.
El discurso ha calado. Siempre que lo menciona recibe una ovación esperada ante los alcasianos que no tienen el ánimo de operar las pocas celdas que quedan con vida y que le dan un respiro minúsculo de 4.800 toneladas mensuales.
Haydée Valenzuela pisa CVG Alcasa
Valenzuela tomó la palabra. A cada interrupción que salía del salón, la vicepresidenta daba un respiro que parecía un ultimátum. Dos veces pasó y en ambas oportunidades una tensión corría desde su espacio llenándolo todo.
Buscaba sinónimos, uno detrás de otro, para dar una razón pero pidiendo cordura. “No es desconocido, no es despreciable, no es inoficioso o no es observable la situación de cada uno de los trabajadores en este momento cuando no ha recibido la contraprestación de su trabajo”.
Todo el entramado lingüístico de la vicepresidenta de la CVG cayó en el mismo punto de la mañana. Hay reuniones con empresarios nacionales. Una lectura directa a los presentes de que la Corporación no tiene el dinero. Lo demás, se encamina a proyectos futuros.
“Nosotros no estamos pa’ proyectos, señora”, fue como pidió la palabra Cruz Centeno, director laboral. Centeno tiene el pulso de exigir con la peculiaridad que le permite la ocurrencia del momento.
En palabras simples desbarató la intervención de la titular de la CVG. “Yo me pongo a escucharlos y hablan con una frialdad pasmosa… nosotros lo que queremos es soluciones, estamos cansados. Se van a poner a hablar, hablar y vamos a salir de aquí como siempre salimos con Sayago… mareaos”.
La poca resistencia al discurso fue uno de los motivos que la vicepresidenta de la CVG y el presidente de Alcasa no se atrevieron a tocar el tema del control obrero, el Plan Guayana y el socialismo. Un trabajador lo expresó en pocas palabras: “nada de socialismo, ustedes están convertidos en los propios yankees, sin pagarle a los trabajadores”.
Tic, tac, tic tac
“Vamos a tener que formar un peo para que Chávez lo huela en Caracas”. Las palabras que salieron el día de ayer en la reunión con la vicepresidenta Haydée Valenzuela se relacionaban con las que en horas tempranas, el secretario general de Sintralcasa, Henry Arias, le había dicho al presidente Sayago. “Se acabó la paz laboral”.
Los trabajadores en asamblea habían decidido salir a las calles de una manera organizada para mostrar las costuras de las empresas básicas.
Hicieron un llamado a Carbonorca, Bauxilum y Venalum para que se unieran. Ayer estaban presentes los secretarios generales de las dos primeras, Emilio Campos y José Luís Morocoima, que observaron en silencio y preocupación la situación de la empresa del aluminio. La caída de Alcasa tendría un efecto dominó entre el sector y las movilizaciones planteadas acelerarían un proceso que sólo espera por un tiempo.
FUENTE:EL DIARIO DE GUAYANA

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